La ciudadanía de Colombia sigue mostrándole al mundo su profunda vocación democrática y tradición de respeto a las instituciones que la representan. Lo ocurrido en la jornada electoral de este domingo 14 de marzo es una prueba palpable de que la gente rechaza el terrorismo y cualquier otra manifestación de violencia como fórmula de acceso a alguna de las ramas del poder público en nuestra patria. Debo confesar que me habría gustado una participación mucho más multitudinaria en las urnas, pero creo que todavía nos queda un trecho largo por recorrer en este proceso de restauración de la confianza mayoritaria de los ciudadanos en quienes ejercemos como servidores públicos.
Estamos avanzando en la motivación al constituyente primario y hemos mantenido en esta cita dominical la movilización de un poco más del 50 por ciento del potencial total electoral que se acerca a los 30 millones de votos. Sin embargo, debemos ahondar los esfuerzos por derrotar el abstencionismo de manera más contundente. ¿Cómo hacerlo? Pienso que los partidos políticos en Colombia tienen que estar monolíticamente unidos en contra de la corrupción, que es el peor cáncer que puede invadir el manejo de unos recursos públicos que deben orientarse exclusivamente a la inclusión de millones de compatriotas que continúan hoy en situación de pobreza y marginalidad. Estoy convencido de que los partidos políticos tienen que deponer sus constantes enfrentamientos para girar alrededor de unos programas que sin estar exentos a las críticas y al mejoramiento continuo, deben perseguir únicamente niveles más altos de bienestar social. Cuando escribo estas líneas se marca claramente la tendencia que regirá la integración del nuevo Congreso de la República para el periodo 2010 – 2014. Las mayorías estarán con quienes hemos acompañado al Presidente Álvaro Uribe Vélez durante sus ocho años de gobierno constitucional, periodo durante el cual se ha desarrollado una magnífica labor en materia de seguridad democrática, inversión social, crecimiento económico en alianza con grandes mercados mundiales, confianza inversionista, defensa de la soberanía y restablecimiento de la gobernabilidad, entre otros aspectos de singular importancia dentro del clima de recuperación que vive el país en medio de las dificultades heredadas y las que surgen de las dinámicas propias de una sociedad. Lo que ocurre con los resultados de este primer compromiso electoral de los colombianos en el 2010, es la ratificación de la confianza en los aliados y seguidores del Presidente Uribe. Y es también un mandato ineludible a todos los partidos políticos para que sin unanimismos y dentro del natural respeto al disenso, trabajemos por el bien común. Independientemente de quien gobierno, porque lo urgente hoy es resolver el cúmulo de necesidades que tiene sumidos en la miseria absoluta a millones de conterráneos. Hay que volver a la política de altura, aquella que se nutre de la visión de Estado y de las contradicciones diarias para que salgan adelante las mejores ideas traducidas en normas constitucionales y leyes que mejoran la calidad de vida y procuran excelentes obras públicas. En eso tendremos que ponernos de acuerdo en el nuevo Congreso, que por afortunada decisión de quienes me apoyan podré seguir integrando como Senador de la República. Se abre paso la conformación del nuevo Congreso, los conservadores y el Partido Verde han escogido su candidato presidencial. También se han elegido nuestros voceros en el Parlamento Andino y la Costa Caribe le ha pedido al país que le permita convertirse en entidad territorial autónoma, hecho sobre el cual trabajaremos con ahínco más adelante. En mayo elegiremos al nuevo Presidente de la República y nuestro deber y compromiso es la reelección de la seguridad democrática así cómo del resto de políticas exitosas de la administración Uribe, en cabeza del ex Ministro Juan Manuel Santos Calderón, hombre probo y leal que merece con creces ser el digno sucesor del estadista antioqueño. Por lo pronto, gracias a mis amigos de Colombia por seguir confiando en nuestra democracia. Gracias por su apoyo. Gracias por su voto limpio y honesto. Gracias por aceptar trabajar unidos por una mejor Colombia. ¡Qué viva nuestra democracia¡
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