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Colombia podrá tener una situación socioeconómica preocupante en el contexto latinoamericano, pero después de lo ocurrido ayer domingo en las elecciones presidenciales nos queda la certidumbre de que la nuestra es una de las democracias más sólidas y respetables de la región.
Es esa tradición y convicción democrática la que nos motiva y nos llena de entereza para continuar buscando alternativas y salidas concretas a la pobreza que nos agobia, procurando horizontes económicos que nos permitan el desarrollo productivo, competitivo y laboral suficientes para equilibrar nuestras finanzas públicas, brindar más oportunidades de empleo y ofrecer niveles más dignos de calidad de vida.
Los colombianos acudimos de manera masiva a las urnas ayer domingo 30 de mayo, a pesar de las intimidaciones terroristas y el mal tiempo que reina en gran parte del país. La verdad es que me siento profundamente satisfecho y contento porque logramos la movilización del compatriota optimista, de millares de jóvenes que le apuestan al cambio de derrotero bajo la legitimidad de las instituciones, de mujeres que desean participar más en la construcción de un nuevo destino nacional y de millones de adultos que creen en la doctrina partidista como hoja de ruta hacia un futuro mejor. Tanto la campaña legislativa como la presidencial estuvieron antecedidas de tiempos difíciles y de contradicciones propias que generan hombres de la talla de Álvaro Uribe Vélez, quien logró gobernar a Colombia con inteligencia, osadía y coraje durante dos periodos consecutivos para devolvernos la seguridad democrática, la confianza inversionista y el sendero hacia la justicia y equidad sociales, sin importar los sacrificios familiares y personales. Con visión de estadista y sensibilidad ante la urgencia de superar las dificultades, Uribe Vélez ha soportado uno de los más intensos periodos de oprobio y ataques desmedidos contra gobernante alguno en la última centuria. Pero ha valido la pena. Saldrá del gobierno con visibles canas y marcados signos de agotamiento e incluso de tristeza por tanta saña e inmisericordia proveniente de los mismos sectores que durante largo tiempo tuvieron la oportunidad y la desaprovecharon porque le jugaron más al beneficio personal y no al colectivo ciudadano. Uribe Vélez impuso otro ritmo contra la falta de autoridad y la corrupción, lo cual sacó del paseo a quienes se habían anclado en el poder para pensar en sí mismos y dejar que prosperaran el narcoterrorismo, el saqueo al erario público y la indigencia. La magnitud de la tragedia nacional y la dimensión de los problemas heredados, impiden que la obra de Uribe Vélez sea vista con la grandeza que merece pero indiscutiblemente él quedará inscrito en la historia como el David que supo doblegar al Goliat de nuestras desesperanzas y agonías. El magnífico gobierno del Presidente Álvaro Uribe Vélez ha permitido la renovación de nuestro Congreso de la República el pasado 14 de marzo, brindando garantías de seguridad y deliberación como no se había podido en los últimos 30 años. La recomposición de nuestra institucionalidad también hizo posible las elecciones presidenciales de ayer domingo. Sin mayores contratiempos y en el marco de un saludable debate de ideas y de propuestas con candidatos –aún los más modestos- brillantes que nos demuestran que lo más hermoso para Colombia está por venir. Me siento orgulloso de ese abanico de hombres y mujeres que participaron con arrojo y valentía en la contienda electoral de primera vuelta. Los resultados nos demuestran que es la hora de mantener y obtener nuevos avances en aras de la seguridad y la prosperidad democráticas, ofreciendo más empleo, formalizando la economía, favoreciendo la descentralización y la autonomía regional, modernizando aún más la infraestructura, reivindicando la actividad agropecuaria, devolviéndole la tierra a los desplazados y sellando un pacto de unidad nacional contra la pobreza y el buen gobierno que erradique de por vida la corrupción en las esferas del Estado. Es la hora de seguir avanzando en el Gobierno de Juan Manuel Santos. Para honrar la obra de Álvaro Uribe. Gracias colombianos, felicitaciones por lo que pudimos mostrar ayer ante nuestros ojos y los de la comunidad internacional.
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