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Cuando una ciudad se expande son muchas las necesidades que se derivan y si no se adoptan las soluciones a tiempo, el caos termina apoderándose de la vida cotidiana. Es lo que ha ocurrido en Barranquilla por falta de visión y de planeación, producto de administraciones públicas que se dedicaron a temas distintos al mejoramiento de la calidad de vida.
En Barranquilla se ha recuperado el servicio de agua potable y saneamiento básico con un esquema tarifario que es alto en comparación con otras ciudades del país, al igual que ocurre en el campo de la energía eléctrica. El tema telefónico es inercial actualmente y con el auge del servicio celular casi que es imperceptible lo que sucede en términos de la telefonía fija. El gas natural mantiene sus indicadores a nivel de cobertura y costos.
Hubo necesidad de que Barranquilla le entregara el manejo al sector privado de sus servicios públicos y aunque el panorama se ha transformado de manera radical para bien, esto no quiere decir que la pérdida de sus principales activos fuera lo más indicado para la ciudad. En aquel momento constituyó la solución al desespero y a la protesta ciudadana que amenazaba a diario el orden público local. Hoy deseamos que la ciudad recupere la propiedad de sus empresas de servicios públicos. Mientras Barranquilla resolvía los temas de servicios públicos esenciales, a los alcaldes y concejales sucesivos se les escapaba el control del caos en materia de movilidad urbana y a pesar del extraordinario aporte que significó el Plan Maestro de Transporte diseñado por la Misión Japonesa, las autoridades prefirieron dejar el asunto a la topa tolondra. Lo cual trajo como resultado la situación de crisis que hoy evidenciamos. Es claro que cuando un centro urbano crece, lo menos que esperan los habitantes de sus autoridades son respuestas oportunas y satisfactorias a los requerimientos que en materia de movilidad y transporte público produce ese incremento del área citadina. Después de muchos años de caos y de estar hoy en los límites del colapso emocional por el desenfrenado aumento del parque automotor público y particular, el deterioro de las vías, la construcción de obras oficiales y el desorden en la semaforización, Barranquilla empezó a pensar en la adecuación de un Sistema de Transporte Masivo que de la mano del Gobierno Nacional presidido por Álvaro Uribe Vélez le ayudara a rectificar para cambiar positivamente. Sin embargo, en los últimos días hemos sido testigos de los múltiples problemas que enfrenta el sistema de transporte masivo de Barranquilla, denominado Transmetro. Llevamos varios años en su ejecución con costos superiores a los 30 mil millones de pesos y aún no funciona. El recorrido desde la Estación que parte en el Municipio de Soledad y llega hasta el Romelio Martínez de Barranquilla, todavía está a la espera del pleno funcionamiento de los 38 buses adquiridos y del embarque de pasajeros. Hubo recientemente una inauguración simbólica pero de Transmetro como tal no vamos a tener nada en los próximos meses. Preocupa también observar un Transmetro poco preocupado por el medio ambiente, ya que los buses operarán con un combustible altamente contaminante cuando podrían funcionar con gas natural. Lo más lamentable ahora es que quieran achacarle todos los males del Transmetro a un dirigente barranquillero, el doctor Álvaro Osorio Carbonell, quien no ha hecho más que aportar toda su inteligencia y honorabilidad al desarrollo de un proyecto que enfrenta un negocio complejo por la serie de intereses que se gestan a su alrededor. Pienso que la historia de Transmetro no es más escandalosa, precisamente por la Gerencia y presencia de Osorio Carbonell. Él tiene capacidad administrativa y equipo, lo que no lo ha ayudado es una Junta Directiva paquidérmica presidida por un Alcalde que ahora cree que la solución a su falta de visión es el cambio del Gerente. Ni el Alcalde de Barranquilla le han funcionado al Transmetro ni el Concejo Distrital ha hecho las tareas de control político que le corresponden. Ahora ambos quieren lavarse las manos sacrificando al Gerente. Pienso que el actual Gerente debe permanecer en el cargo, pero si el doctor Osorio Carbonell estima que ya cumplió su ciclo administrativo en Transmetro y decide dar un paso al lado, respetaremos su voluntad. Pero que toda la ciudad esté alerta porque lo que menos necesita el Transmetro es un Gerente pelele y de bolsillo al servicio de la actual administración. Necesitamos un excelente administrador para que concluya lo que hace falta y ponga a rodar un sistema que es reclamado urgentemente por la ciudadanía barranquillera y del Área Metropolitana.
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