
Las rectificaciones normativas son saludables para una sociedad porque ayudan a corregir el rumbo y evitar equivocaciones en la ejecución de recursos públicos. Los debates en tal sentido son bienvenidos, pero no por necesarios son siempre los más oportunos.
Hago esta reflexión a propósito de dos encontronazos regionales que han sido la comidilla de las primeras páginas informativas en los periódicos, radio, televisión e internet. Me refiero a las agrias polémicas, con insultos incluidos, protagonizadas por los gobernadores de Antioquia y Atlántico con los respectivos alcaldes de sus ciudades capitales, Barranquilla y Medellín.
La confrontación entre los paisas tuvo un tono más bajo teniendo en cuenta el motivo que era el liderazgo en la transmisión televisiva de la tradicional Feria de las Flores. Sin embargo, sirvió de pésimo referente al tratarse de dos mandatarios de reconocido prestigio que se deben mutuo respeto y consideración.
A los paisas les importa mucho el tonito de la mentada de madre, según sus decibeles y ritmo escogen el volumen de su enojo. Aquí hubo un inconveniente de tonos que dejó muy mal paradas a ambas administraciones.
En el caso de Atlántico hubo dificultades con los tonos, los decibeles, las insinuaciones, los ritmos, las gesticulaciones, los señalamientos, las acusaciones, las demostraciones públicas, los desafueros ante los medios de comunicación y las conclusiones porque al final siguen reinando la confusión y el enfrentamiento.
El Gobernador del Atlántico es ampliamente conocido por su actitud calmada, paciencia y moderación en los comportamientos públicos. El Alcalde de Barranquilla, al contrario, vive hablando como si estuviera de pelea con todo el mundo y en esas extralimitaciones de su fuero como primera autoridad distrital se le va mano, ofende e insulta.
El desafortunado Florero de Llorente, coincidente con el Bicentenario de nuestra Independencia, fue el manejo de la denominada Tasa de Servicios Públicos y Seguridad Ciudadana que en los dos últimos lustros ha manejado una cifra superior a los 60 mil millones de pesos. Por Ordenanza departamental, con ajustes posteriores, los dineros recaudados son invertidos por la Gobernación previa revisión del Consejo de Seguridad del Atlántico al que es invitado el Alcalde de Barranquilla. Cuando Carlos Rodado fue Gobernador y Augusto García Secretario del Interior, el manejo directo lo asumió el jefe de la administración para evitar malos entendidos. Supongo que el esquema se ha mantenido en el actual gobierno.
La Tasa de Servicios Públicos y Seguridad Ciudadana tiene una noble intención, lo que hoy cuestiona el Alcalde de Barranquilla es el manejo y su ausencia en el direccionamiento de los recursos olvidándose que él mismo cuando estuvo en la Gobernación presionó la exclusión de Barranquilla en las decisiones. Hoy es víctima de su propia medicina, sin que ello quiera decir que por esa razón hay que hablar de robos, irregularidades y corrupción. En algún tiempo habrá habido excesos o programas no puntuales en las materias a las que se refiere el objeto de la contribución. Pero de allí a decir que los recursos se han malversado o se los han robado, es un verdadero desatino y un irrespeto.
La lluvia de expresiones desobligantes que se escucharon en los últimos días, da pie para llamarles la atención a ambos mandatarios y a reconvenirlos públicamente porque las diferencias entre ellos no deben resolverse de esa manera. Hay que dar buen ejemplo y eso no es precisamente lo que han hecho.
Los cuatro mandatarios a quienes me he referido en esta columna que reinicio este lunes, luego de un temporal descanso por la brega política reciente, han ofrecido un feo espectáculo nacional. Ni la despedida del gobierno de Álvaro Uribe Vélez ni la llegada del nuevo presidido por Juan Manuel Santos Calderón lo merecían, han sido unas peleas inoportunas y faltas de verbo y argumentos que en reposo deben ser académicos, institucionales y orientados siempre a dar el mejor ejemplo de civilidad política y construcción democrática.
Me sumo al llamado a la cordura y reconciliación que se hace desde diversos sectores. Los mandatarios en conflicto deben sentarse, estrechar sus manos e iniciar el más sano de los debates y análisis para que predominen el interés y el bienestar generales. El gobierno de la unidad y los acuerdos nacionales, verá con muy buenos ojos que así sea. Es tiempo de paz.