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No permitamos otra imprudencia centralista con nuestras regalías PDF Imprimir E-mail
Escrito por José David Name   
Domingo, 15 de Agosto de 2010 19:00

Hoy por hoy las regalías en Colombia son la más importante fuente de recursos para el desarrollo territorial. El reparto de esta fortuna, por mandato constitucional, incluye a nuestros departamentos y municipios.

Sin embargo, millonarias sumas de dinero y su respectiva destinación están sujetas a negativas y tendenciosas interpretaciones, así como a problemas estructurales tanto en su recaudo como en su distribución.

A pesar de que diariamente las regalías se vuelven mas importantes para las finanzas territoriales, el grupo responsable de su correcta distribución lo único que hace es obstaculizarlas escondiéndose detrás de criterios centralistas que no encuentran lugar en estos casos.

Las  regiones productoras, especialmente aquellas que en el pasado han sido maltratadas por la imprudencia centralista de distribución del gasto público nacional, hoy cuentan con este rubro de ingresos como el instrumento más importante a la hora de satisfacer necesidades de servicios públicos, ejecutar planes de inversión social y luchar contra la pobreza.

En mi opinión lo que ocurre hoy con las regalías no es más que una  práctica intervencionista, trasnochada y venenosa que no puede pasar inadvertida por la dirigencia regional ni puede alimentar la diversidad temática de las campañas publicitarias de las carteras ministeriales. En estos momentos hablamos de una reforma al esquema legal de la regalías que no debe abordarse de manera alegre ni desenfrenada. No podemos aceptar que con las regalías se haga politiquería centralista ni tremendismo oficialista. Yo no podría votar positivamente lo que se pretende hacer con las regalías, sin el adecuado debate y estudio nacional. Debo dejar constancia que en toda oportunidad propia y ajena del tramite legislativo, yo voté negativamente la ley que reformó el régimen de transferencias en Colombia, por considerarlo lesivo a las regiones. Lo mismo haría con la propuesta que se plantea al sistema de regalías.

Es inadmisible que se pretenda nuevamente convertir las regalías en la caja menor del Gobierno Nacional, y que los gobernantes locales se vuelvan mendigos y tengan que rogar para poder realizar las obras que necesitan sus departamentos y municipios. Como lo he manifestado en la Comisión V en ocasiones anteriores, el pueblo es el que escoge a sus gobernantes y los escoge con pleno convencimiento de que son personas honestas,  que al ser dotadas con la posición y herramientas idóneas para solucionar los problemas que los afectan, van a culminar de buena fe sus proyectos de desarrollo.

Entonces el Gobierno Nacional y sus entidades no pueden tomarse atribuciones de la justicia para asumir que los gobernantes locales son corruptos, deshonestos o ineptos para manejar unos recursos que la Constitución les confiere y que el país les adeuda.

Es importante recordar que las regalías directas benefician a las entidades territoriales en donde se adelantan explotaciones de recursos naturales no renovables, a los municipios con puertos marítimos y fluviales por donde se transportan dichos recursos y a los municipios del área de influencia de esos puertos. Por ley deben destinarse estas regalías a proyectos de inversión contenidos en los planes de desarrollo territorial, pero por sentido común estos recursos deben colocarse a disposición del pueblo que se ha visto afectado por la misma actividad de explotación. No puede ser que mientras comunidades enteras se envenenan consumiendo el agua del único recurso hídrico al que tienen acceso, encontremos en Bogota a los tecnócratas sentados tras sus escritorios ideándose formas de frenar esos recursos porque simplemente les da la gana de hacerlo.

Estoy plenamente de acuerdo con la urgente necesidad de vigilar y definir mejores controles para blindar el manejo y la inversión de las regalías para que no se las roben como en el pasado. En este orden de ideas tenemos que lograr que el Gobierno Nacional sea más eficiente y eficaz en la labor preventiva, porque la interventoría a las inversiones con regalías está a cargo de Planeación Nacional y este Departamento no ha sido exactamente el más prolijo en la advertencia sobre el robo de las regalías, ni sobre cómo se desvían los recursos.

Lo que estoy escribiendo en mi columna semanal es lo que voy a manifestar mañana en la Comisión V del Senado de la República, a propósito del debate que hemos citado sobre regalías con los señores Ministros de Hacienda y Minas y Energía, el Presidente de Ecopetrol y el Director de Planeación Nacional.

Debemos tener cuidado. No debemos permitir que se configure el raponazo centralista sobre las regalías. No podemos dejar que se le eche mano a esta gran fuente de recursos para que los andinos la repartan a su antojo. Estemos alerta. De lo contrario, el futuro de la Costa Caribe y en particular de la Guajira, Córdoba, Cesar y Sucre será peor. Yo estaré vigilante y me opondré a cualquier maniobra en este sentido.


 

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