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La expedición de la ley de Ordenamiento Territorial, la creación del Fondo de Compensación Regional y una inteligente reforma en el régimen nacional de regalías, constituyen el trípode sobre el cual puede descansar un nuevo proceso de desarrollo político, económico y social del Caribe colombiano.
Tenemos más de 100 años de luchas y de desvelos en aras de una autonomía que nos permita manejar nuestro destino con mayor sentido de pertenencia regional. Hemos ensayado muchas fórmulas novedosas de gestión y presión como la Liga Costeña, los 11 foros del Caribe Colombiano, la constitución del Corpes Regional, el Fondo de Inversiones Regionales, el Consejo Regional de Cámaras de Comercio y el Comité Intergremial de la Costa, entre otras instancias que en su momento nos mostraron resultados y circunstancias favorables.
Durante un periodo importante operó exitosamente el denominado Bloque Costeño de los congresistas del Caribe, pero el infortunio de la parapolítica y otros casos de corrupción debilitaron nuestra cuota de representación en el cuerpo legislativo. El sector empresarial y gremial también se vino a menos en la defensa de los intereses regionales, lo cual nos dejó aún más expuestos al antojo de funcionarios amantes del centralismo que per sé le tienen miedo a las opciones de la periferia para salir adelante porque piensan que así se les acaba el reinado en el poder. Respeto mucho la mentalidad del funcionario que desde el Gobierno Central procura la racionalidad del gasto público y ajusta las asignaciones presupuestales a su mínima expresión para salvaguardar la buena salud de las finanzas estatales. No obstante, en ese ejercicio se presentan excesos y sesgos discriminatorios que implican la afectación de los intereses regionales. En ese contexto, pedimos equilibrio y sumo cuidado. Es claro que la falta de políticas consistentes en el tiempo y con menos espíritu centralista ha terminado por hundirnos en una situación de retraso y pobreza, al extremo contradictorio que de ser una de las regiones con más alto potencial de desarrollo en el país, registramos una parte de lo indicadores sociales más deprimentes de la Nación. En este contexto, debo reconocer el liderazgo del señor Gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, con el acompañamiento de sus colegas de la Región, congresistas, empresarios, líderes gremiales, voceros sociales y medios de comunicación, para sacar triunfadora la campaña del Voto Caribe con más de dos millones y medio de votos que reclaman el derecho constitucional a convertirnos en entidad territorial. Tal aspiración no puede servir para que desde las esferas gubernamentales nacionales y ministeriales se burlen ni ridiculicen ni ofendan nuestro sentimiento autonómico. No acepto que se nos atropelle ni se nos tilde de promotores de la burocracia a costa de la autonomía regional. Aquí exijo respeto por parte de los Ministros y otros analistas de la vida regional. Pienso que en la Región Caribe debemos ser moderados, cautelosos y estratégicos. El Gobierno ha presentado el proyecto de ordenamiento territorial y es positiva la polémica alrededor de su articulado. El Congreso tiene y tendrá la palabra sobre el texto final. Estoy seguro que la ley que se aprobará será a favor de todas las regiones que secularmente han sido marginadas. El proyecto contempla el tránsito de las Regiones Administrativas y de Planificación, RAP, a la Entidad Territorial y cuando ese momento llegue para el Caribe colombiano, tendremos la responsabilidad de elaborar un referendo que le permita a la ciudadanía definir su creación con un modelo de administración política y legislativa propios. De tal manera que no hagamos tormenta en un vaso de agua. La discusión apenas comienza. Se están midiendo los pulsos y la Costa Caribe está mostrando lo que pesa en el escenario nacional. No nos desesperemos. Por todo lo expuesto comparto integralmente el editorial de El Tiempo del viernes pasado, que en su párrafo final sostiene: “Asimismo, es necesario evitar los mensajes discriminadores y que alimentan los estereotipos. Bogotá debe entender que la búsqueda de la región Caribe de una mayor autonomía y de instancias de gobierno propias no es sinónimo de burocracia o clientelismo. Los costeños, por su parte, no pueden endilgar el mote de 'centralista' al esfuerzo capitalino por limitar la velocidad en la que se ceden recursos y responsabilidades. El escenario de debate se traslada ahora al Congreso donde las voces de otras regiones saldrán a la palestra. Lo más importante es que los parlamentarios se comprometan al trámite completo del proyecto así como a evitar que la Loot termine aprobada como una ley sin dientes y llena de palabras vacías. Ordenar el territorio y sentar las bases del recorrido hacia una Colombia de regiones autonómicas exige del Legislativo altura intelectual, sentido histórico y visión de futuro”.
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