Home PRENSA COLUMNAS ¿Hasta dónde y hasta cuándo podrá estirar el endeudamiento barranquillero?
¿Hasta dónde y hasta cuándo podrá estirar el endeudamiento barranquillero? PDF Imprimir E-mail
Viernes, 10 de Julio de 2009 19:00

Es motivo de satisfacción, orgullo y alegría observar obras en la ciudad que lo vio nacer y que durante toda una vida le ha permitido a uno oportunidades de crecimiento personal y profesional. El desarrollo de la infraestructura incide necesariamente en un mejoramiento de la calidad de vida y en la confianza inversionista.

En los últimos años, con el apoyo de la iniciativa privada, Barranquilla le apostó a superar los rezagos en materia de agua potable y saneamiento básico, energía eléctrica, telefonía fija y celular, transformación de la malla vial y recuperación del centro histórico, entre otros frentes de especial importancia. En este orden de ideas, la ciudad alcanza hoy una cobertura de acueducto de casi el 100 por ciento y hace grandes esfuerzos para avanzar en el cubrimiento del alcantarillado sanitario. Igual ocurre con la disposición final de residuos sólidos y la prestación del servicio de energía, por mencionar aquellas áreas en donde Barranquilla tenía indicadores críticos hace apenas década y media.

Lo que ocurre con la Avenida Circunvalar, la construcción del Transmetro, la denominada Avenida al Río y el saneamiento de los caños del mercado son evidentes signos del progreso que logra y proyecta la ciudad. Consecuente con el proceso de reacondicionamiento distrital que se dio a comienzo de los años noventas, empresarios privados internacionales, nacionales y locales, aprovecharon la apertura de la economía colombiana, la globalización y la privatización de sectores antes reservados a la esfera estatal, para radicarse en la capital del Atlántico con el fin de explotar las ventajas comparativas y competitivas de la ciudad en aras de una mayor participación en los mercados mundiales, razón por la cual el aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz y la Sociedad Portuaria Regional y toda la serie de puertos en la zona de la desembocadura han sostenido indicadores de crecimiento en los lustros pasados por el manejo de carga de exportación, así como la movilización de pasajeros en plan de negocios en el caso aéreo.

Barranquilla es definida por gran variedad de expertos como la plataforma más estratégica con la que cuenta el país para conquistar mercados, por su triple condición portuaria, los accesos carreteros y los avances obtenidos en la capacitación de su capital humano, entre otros factores.

Desafortunadamente lo que hemos ganado en infraestructura lo hemos perdido en falta de cohesión y propósitos comunes entre la dirigencia política, empresarial, gremial, social y académica de la ciudad. Además, hemos dejado que elementos tan destructivos como la corrupción socaven la fortaleza moral y ética del andamiaje institucional barranquillero, lo cual a la luz de reiterados análisis también ha conducido al debilitamiento de nuestra capacidad para derrotar la pobreza y llevar a sectores deprimidos de la población a niveles más altos de bienestar. Estoy seguro que quienes hacemos parte de los estamentos deliberativos de Barranquilla, tenemos el deseo y la voluntad de propiciar un giro de 180 grados en la situación que hemos venido viviendo para volcarnos hacia el verdadero desarrollo socioeconómico.

Ahora contamos con el entusiasmo y los bríos de una administración pública distrital que quiere llevar la transformación local a su nivel máximo, lo cual es ponderable y destacable desde todo punto de vista. Sólo me preocupa qué va a pasar a corto, mediano y largo plazo, hasta dónde y hasta cuándo puede estirar la capacidad de endeudamiento de Barranquilla para soportar la financiación de los proyectos anunciados.

A los gobernantes hay que apoyarlos cuando están decididos a ejecutar las obras que apuntalan el progreso, pero también hay que aconsejarles el mayor de los cuidados para que el remedio no sea peor que la enfermedad.

Al Alcalde Char hay que decirle que debe mirar muy bien el tema del financiamiento, para no terminar encerrados en un laberinto de deudas peor al que llevó a la ciudad a acogerse a la famosa Ley de quiebras o Ley 550. Hoy por hoy, con la baja de los recaudos tributarios y la situación de crisis económica, es recomendable no excederse. Es un tema que la ciudad debe discutir muy a fondo y la clase política debe comprometerse a aportar sus ideas y poder de movilización para que resulte lo mejor posible el camino a escoger en materia de financiamiento.


 

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