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Colombia se resiste a ser un país tranquilo por donde se lo mire. Cada día sobran los acontecimientos que nos quitan el sueño, nos arrebatan el buen ánimo y nos llenan de contradicciones. Ahora todo corre por cuenta de la reforma tributaria, amén de la polémica superada alrededor del proyecto que replantea el sistema jurisdiccional. El Congreso de la República es el epicentro del terremoto verbal suscitado frente a los dos temas, a tal punto que podría hablarse de que por primera vez se sintió el distanciamiento del legislativo de los acuerdos que ha promovido el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos a instancias de la Mesa de Unidad Nacional. Grave. Nada más grave pudo haber ocurrido.
Lo delicado de las situaciones que se han suscitado en los últimos ocho días es que el Presidente se encontraba fuera del país, en singular misión diplomática en el continente asiático. Y el asunto que lo cogió literalmente fuera de base fue el de la reforma tributaria, cuya última palabra estaba en sus manos. Todo andaba muy bien y había total sintonía con Elissa, la sigla con nombre de mujer que representa los cinco principios o columna vertebral de la nueva filosofía tributaria que promueve el Gobierno. Con la E de equidad no se discute, como tampoco con la L de limpieza ni con las S de sencillez y seducción. Mucho menos con la A de adaptación internacional. Estamos hablando de una reforma tributaria estructural que tendrá cerca de 1000 artículos y busca hacer a un lado la ineficacia y la inequidad generadas por una lista de exenciones y excepciones que reducen los impuestos y elevan los beneficios a aquellas empresas que responden a la confianza inversionista. No se puede negar los beneficios que se causaron para la economía y el indicador de inversión que el año pasado estuvo en el orden de los 15 mil millones de dólares, un 58% más que en el 2010. Pienso que el objetivo no debe ser la desaparición de los beneficios fiscales a los inversionistas, sino su ajuste a proporciones equitativas. Entiendo la importancia de una reforma estructural y en este orden el Congreso de la República ha allanado el camino, porque recientemente aprobó herramientas importantes para luchar contra la evasión y la elusión. Por este motivo, el recaudo tributario se situó en el 2011 en la cifra récord de 86.6 billones de pesos, reflejando un incremento del 25.7%. Aquí debe profundizarse el esfuerzo e insistir en el fortalecimiento de la autoridad recaudadora. Respaldaré lo que sea necesario en la materia, pero desde ya puedo anunciar mi voto negativo contra una reforma tributaria que quiera convertirse en una nueva cachetada a los pobres y a los asalariados colombianos. El Gobierno dejó filtrar el propósito de soportar un aumento en los ingresos con la extensión del Impuesto al Valor Agregado (IVA) a toda la canasta familiar. Nada me parece más injusto y me parece hasta peligroso porque se reviviría el espíritu que llevó a la revolución de los comuneros hace mucho tiempo. El Presidente Santos desde China ha descartado que se vaya a recurrir a ese mecanismo, pero tal anuncio deberá ser ratificado en el texto que debe llegar al Congreso en los próximos días. Lo peor que pudo pasarle al viaje del Presidente Santos a Singapur y a la China, es que algunos actores hayan violado el pacto de confidencialidad respecto del borrador del proyecto, entregándoselo a un importante diario económico. Ahí se armó la de Troya. El debate casi que opaca por completo los resultados del viaje. La reunión que hizo el Ministro de Hacienda con las comisiones económicas de Senado y Cámara atizó más la hoguera. Sin embargo, al final de la tarde del jueves las declaraciones del Presidente Santos calmaron el ambiente y en el Senado por ejemplo aprobamos integralmente la reforma a la Justicia, eliminando el Consejo Superior de la Judicatura y la Comisión de Acusaciones de la Cámara. No hay impuesto ni reforma tributaria que no desate controversia. Más de uno se rasga las vestiduras y es capaz de inmolarse en el verbo opositor. Este nuevo proyecto así lo demuestra y como lo han dicho los principales críticos, Elissa tropezó sin haber aprendido a caminar. La trascendencia de unas intenciones sin que se conociera la socialización completa del proyecto, fue un error estratégico que el Ministro Echeverry dice se está investigando en sus orígenes. El Gobierno cuidó mucho la reserva del proyecto y la infidencia no fue simplemente un papel suelto que dejó uno de los técnicos de la Dian. Aquí hubo un hecho preconcebido para maltratar aún la imagen del Gobierno y del Presidente en particular. Nadie podría negarse a la estabilidad tributaria que pretende el Gobierno y necesita el país, pero ella no puede inspirarse en golpes contra el bolsillo de los sectores más precarios de la población. En los términos que originaron el debate, la reforma tributaria pondría a llorar por igual a ricos y pobres. Creemos que el objetivo es no provocar llanto, sino sembrar políticas justas que contribuyan al desarrollo social y a una mejor redistribución del ingreso entre los colombianos. Por favor visite www.josedavidname.com o escríbame a
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Publicado en La Libertad el 14 de mayo de 2012
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