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La Organización de Naciones Unidas, ONU, define la violencia contra la mujer como «todo acto basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la privación arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la privada.»
En este orden, la violencia de pareja que es la más frecuente en nuestro medio está relacionada con los comportamientos en el ámbito de una relación íntima y causan daños físicos, sexuales o mentales, tales como la agresión física, la coerción sexual, el maltrato psicológico o las actitudes controladoras.
La violencia sexual es «todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito.» La violencia sexual incluye la violación, definida como «la penetración forzada físicamente o empleando otros medios de coacción, por más leves que sean, de la vulva o el ano, usando un pene, otras partes corporales o un objeto.» En un estudio de la Organización Mundial de la Salud, OMS, sobre la salud de la mujer y la violencia doméstica contra la mujer (WHO multi-country study on women’s health and domestic violence against women) realizado en 10 países, en su mayoría en desarrollo, se observó que las mujeres de 15 a 49 años: - entre un 15% en Japón y un 70% en Etiopía y Perú referían haber sufrido violencia física o sexual perpetrada por su pareja; - entre un 0,3% y un 11,5% decían haber sufrido violencia sexual perpetrada por alguien que no era su pareja; - muchas mujeres señalaron que su primera experiencia sexual había sido forzada (24% en el Perú rural, 28% en Tanzanía, 30% en el Bangladesh rural, y 40% en Sudáfrica). El informe de Naciones Unidas indica que la violencia de pareja y la violencia sexual son perpetradas mayoritariamente por hombres contra mujeres y niñas. Sin embargo, la violencia sexual contra los niños también es frecuente. Otros estudios internacionales revelan que aproximadamente un 20% de las mujeres y un 5-10% de los hombres refieren haber sido víctimas de violencia sexual en la infancia. Para nadie es un secreto que la violencia de pareja y la violencia sexual producen a las víctimas y a sus hijos graves problemas físicos, psicológicos, sexuales y reproductivos a corto y a largo plazo, y tienen un elevado costo económico y social. La ONU insiste en que para lograr cambios duraderos es importante que se promulguen leyes y se formulen políticas que protejan a la mujer; que luchen contra la discriminación de la mujer y fomenten la igualdad de género, y que ayuden a fomentar una cultura de no violencia. Igualmente expone que una respuesta adecuada del sector de la salud puede hacer importantes contribuciones a la prevención de la recurrencia de la violencia y a la mitigación de sus consecuencias (prevención secundaria y terciaria). De igual modo la sensibilización y la formación de los prestadores de servicios de salud y de otros servicios constituyen así otra estrategia importante. Entonces, ¿Qué hacer si como lo dice el Director de Naciones Unidas Banki Moon la violencia contra las mujeres y las niñas persiste sin disminución en todos los continentes, todos los países y todas las culturas, con efectos devastadores en la vida de las mujeres, sus familias y toda la sociedad? Por algún lugar tenemos que comenzar a parar tanto horror contra las mujeres. En el caso colombiano propongo un gran pacto social que nos permita erradicar todo tipo de violencia contra la mujer, que además contemple el análisis de un endurecimiento de penas y medidas contra violadores, maltratadores y abusadores, como por ejemplo: - Cadena Perpetua, trabajo forzado en zonas de conflicto social, y castración química. - Creación de la Policía Especializada para la protección de la mujer. - Brigadas Ciudadanas para el control y prevención de la violencia doméstica en los barrios. - Grupos de Reacción Inmediata para socorrer a la mujer agredida. - Dijes de localización satelital para ubicar a las mujeres víctimas de algún tipo de violencia. - Desarrollo de una aplicación para móviles de conexión directa con estaciones de Policía y que permitan la inmediata intervención de autoridades. En fin, las alternativas pueden ser amplias y variadas en el marco de un acuerdo social para ponerle punto final a una de las peores plagas de nuestros tiempos. Pero es urgente proteger a nuestras mujeres. Por favor visite www.josedavidname.com o escríbame a
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Publicado en La Libertad el 12 de mayo de 2012
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