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El Gobernador del Atlántico, José Antonio Segebre Berardinelli, completa seis meses de administración con un liderazgo a medias y a excepción de un Plan de Desarrollo de bajo perfil, el desplome en las encuestas y un costoso aviso pago de media página publicado en El Tiempo, los anuncios y promesas de campaña son solo palabras.
Del compromiso y el rosario de proyectos esbozados el día de la posesión, solo tenemos la certeza de que podrían convertirse en una pieza más del legendario Museo Romántico de Barranquilla y del paquidérmico Museo del Atlántico, al punto que parecen un intangible más de los sueños departamentales y la hoja de ruta hacia otra frustración del pueblo atlanticense.
No acompañé la elección de José Antonio Segebre; sin embargo, respeté los resultados que le dieron el triunfo e incluso le ofrecí mi colaboración como Senador de la República para apoyarlo en las gestiones que considerara pertinentes ante el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos. Duele reconocerlo por la gente que confió, pero José Antonio Segebre no responde al sentimiento de los atlanticenses que creyeron en su palabra. El mandatario tiene un grave problema de comunicación, a pesar de los boletines que a diario envía la oficina respectiva. La gestión y lo que pretende hacer no se visualizan a cabalidad. Tiene otro problema y es que cree todos los chismes que le cuentan, la misma debilidad del ex Gobernador Carlos Rodado Noriega. Los secretarios del Gobernador Segebre andan como rueda suelta y algunos muy cercanos pretenden hacer politiquería desde el despacho central para mantener una administración pública sesgada en la que pulula el interés personalista y el de los amigos. Todo ello se traduce en un desplome de imagen que se confirma en reciente encuesta nacional de gobernadores en la que el nivel de favorabilidad del Gobernador del Atlántico bajó en un 68 por ciento, colocándose en el puesto 15 en todo el país. Así como le ofrecí mi espíritu de colaboración en beneficio de los atlanticenses, dije que mantendría alerta todos los sentidos para decirle a su administración los errores que cometía y lo que le podría estar incumpliendo a los atlanticenses. Pensé que la de Segebre sería una administración abierta, explicativa, profusa en sus reales intenciones de gobierno y responsable respecto de los compromisos adquiridos. Pero no. Este Gobierno me tiene profundamente inquieto. El Plan de Desarrollo pasó de ser una oportunidad a un documento de segundo nivel y bajo perfil. Pocos se lo apropian en el Departamento. Ni siquiera los secretarios generan sentido de pertenencia alrededor de lo que debería ser la brújula más importante del nuevo desarrollo departamental. ¿Qué más puede esperar uno de un plan de desarrollo que fue aprobado más para agradar al gobernador y pretender cupos burocráticos y contratos que ahondar posibilidades de progreso? ¿Qué podría esperarse de un plan de desarrollo que fue poco discutido por el pueblo, los gremios, los sectores sociales y los políticos locales, entre otros actores? ¿Qué otro futuro podría tener un plan de desarrollo al que los secretarios de despacho dejaron a un lado delegando en subalternos el trámite de aprobación? A la luz de esos acontecimientos nefastos de imagen, liderazgo precario y complicidad con el desastre administrativo y financiero que significó la administración del ex constituyente Eduardo Verano De La Rosa, lo que le sobreviene al Departamento del Atlántico no es lo más alentador. Estoy lejos de convertirme en ave agorera de desastres, pero sí me siento en la obligación como ciudadano oriundo de esta tierra e integrante de su representatividad congresional de velar por el buen rumbo de la administración territorial y hacer control político a la tarea gubernativa departamental, distrital y municipal. Me preocupa que hayan transcurrido seis meses y las noticias sean que la Gobernación del Atlántico está a las puertas de una restructuración de acreencias, que la Universidad del Atlántico está en el nivel más crítico de su historia no obstante lo que ha podido lograr la rectora Ana Sofía Mesa de Cuervo, que la Salud está algarete, que la educación pública sigue en el desprestigio por las peleas entre el secretario y los educadores y que el Sur del Atlántico camine hacia la reconstrucción a paso de tortuga y que lo poco que se hace se debe más al Fondo de Adaptación que a la administración Segebre. Con la infraestructura vial ocurre lo mismo y todo se espera por parte del Gobierno Nacional. La cultura es un cero a la izquierda. El turismo es poco prospectivo desde la óptica pública, la inseguridad ciudadana golpea cada día el corazón mismo del colectivo popular y aristocrático, los desencuentros con Barranquilla son crecientes y ni hablar de lo que pasa con el Área Metropolitana y el resto de la Región Caribe. En resumen, y a manera de conclusión, siento que el Gobernador José Antonio Segebre, no le está funcionando al pueblo ni al Acuerdo Social sobre lo Fundamental (¿?), slogan que jamás logré que me explicaran. Quisiera creer que este gobierno puede tener capacidad de reacción, ojalá Dios así lo quiera. Por lo pronto creo que el Gobernador Segebre tiene la obligación de demostrar que sí es el mandatario que necesitaba el departamento para transformar su destino. Por favor visite www.josedavidname.com o escríbame a
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Publicado en la Libertad el 9 de julio de 2012
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