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Jaque Mate a la guerrilla en el ajedrez de la paz PDF Imprimir E-mail
Escrito por José David Name C   
Lunes, 10 de Septiembre de 2012 00:00

"El hombre tiene que establecer un final para la guerra. Si no, la guerra establecerá un final para la humanidad", dijo sabiamente alguna vez el sacrificado presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy.

Al anunciar al país las conversaciones exploratorias y el inicio de un nuevo proceso de paz con la subversión, el Presidente de Colombia Juan Manuel Santos Calderón ha expuesto una hoja de ruta para el final de una guerra que supera el medio siglo y puede llevarnos a la destrucción total si no la detenemos y la acabamos ahora.

Sin lugar a dudas se trata de un momento histórico y de la interpretación presidencial del sentir ciudadano que clama por el punto final a un derramamiento de sangre cuyo único saldo ha sido congestionar nuestros cementerios y colgar lazos de dolor sobre el pecho de millares de compatriotas que han perdido a sus seres queridos en el afán que tienen algunos de acceder al poder a través de la violencia.

Por este motivo, el Presidente de los colombianos ha recibido una creciente muestra de solidaridad internacional y de respaldo interno a una decisión riesgosa, peligrosa y llena de contradictores que buscan en la guerra la conjugación de sus verbos mortales.

Los partidos políticos, los empresarios y amplios sectores sociales le hemos dado el sí a esas nuevas negociaciones de paz, urgentes para la estabilidad de la Nación y sus instituciones e indispensables dentro de un proceso de desarrollo que procura afianzar la inversión pública con el fin de satisfacer las necesidades colectivas, aumentar la confianza inversionista generadora de empleo y restablecer la confianza ciudadana en el marco de una sociedad convivente y pacífica.

Sin paz no hay futuro y sin futuro perecemos como sociedad. Entonces, estamos obligados a trabajar por la paz. El Presidente Santos ha dispuesto el ajedrez de la paz sobre la mesa de las esperanzas nacionales. El Rey ha dado las instrucciones estableciendo la fila de peones y de piezas claves para unos diálogos que comenzarán en la primera quincena de octubre en Oslo y se trasladarán luego a La Habana.

Por parte del Gobierno el jefe negociador, doctor Humberto de la Calle Lombana, es un hombre sabio que inspira respeto. Los generales Oscar Naranjo y Jorge Enrique Mora Rangel son alfiles atentos a no dejar resquebrajar la moral de las tropas. Sergio Jaramillo y Frank Pearl son caballos de paso cuidadoso y fino, listos para la defensa al galope. El resto del equipo élite es un conjunto de peones que sabemos está dispuesto a entregar lo mejor de sus energías y conocimientos al proceso.

La guerrilla también destapa sus cartas y desde tierras cubanas anuncia en las últimas horas los nombres de Iván Márquez y Jesús Santrich como cabezas de serie en las conversaciones. Pero las autodenominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Farc, ya se fueron en blanco con su primera condición de cese al fuego durante la primera fase de negociones.

De manera contundente, desde el Fuerte Militar de Tolemaida la noche del jueves pasado, el Presidente Santos le hizo el quite a esa posibilidad y les pidió a los comandantes que intensifiquen sus acciones contra el terrorismo. Es claro que en este proceso quien baje la guardia pierde y los errores del pasado no se pueden repetir si queremos ser exitosos en el renacimiento de la paz.

En este segundo tiempo para la convivencia pacífica el camino es largo, tedioso, espinoso y culebrero. Pero representa la mejor oportunidad para que el presupuesto de la guerra cambie de dirección en beneficio de los más necesitados. Es también una ocasión de lujo para la estocada mortal al narcotráfico. Si la guerrilla deja de apoyar este negocio, los carteles tienen sus días contados. Muchas manos volverán a donde nunca han debido irse, el campo productivo. Millares de hombres y mujeres podrán reconciliarse con la libertad de conciencia, espíritu y movilización.

La paz es hoy nuestro mejor boleto para asegurar la segunda oportunidad de Colombia sobre la tierra. Dios quiera que la guerrilla sepa aprovechar esta oportunidad que le brinda el pueblo colombiano.

Creemos que con la paz Juan Manuel Santos garantiza un segundo periodo presidencial, aunque estoy convencido que el Jefe del Estado ha obrado por fuera de esas pretensiones ya que sus habilidades no están precisamente en ser un hombre muy calculador. En el segundo tiempo del Gobierno Santos, la paz también se juega su etapa complementaria. Los peones ruedan en los primeros cuadros del tablero. Colombia le apuesta al Jaque Mate a la guerrilla en el nuevo ajedrez que se ha armado para la paz. Por favor visitewww.josedavidname.com o escríbame a Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla

Publicado en La Libertad el 10 de septiembre de 2012


 

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