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¿Habrá que pensar en un desastre antes de construir la Megacentral Terrestre de Carga en Barranquilla? Imprimir E-mail
Martes, 31 de Marzo de 2009 19:00
Cada vez que llego a la calle 17 en la salida hacia el puente Pumarejo, pienso en lo peor. El caos vehicular y de invasión del espacio público indica que cualquier día puede sobrevenir un desastre. Decenas de tractomulas parqueadas y en movimiento, buses, busetas y buseticas recogiendo pasajeros, kioscos a lado y lado de la vía, vendedores cayendo como goleros sobre presa nueva y unas autoridades permisivas, crean una interminable zozobra.

Cuando el dirigente empresarial barranquillero, Fuad Char Abdala, ocupó el Ministerio de Desarrollo Económico y el politólogo Arturo Sarabia Better era el Director de la Cámara de Comercio de Barranquilla, se suscribió por iniciativa de ambos el acta de constitución de la sociedad promotora de la terminal terrestre de carga en la capital del Atlántico. Iríamos a ser los primeros en ejecutar una idea de esa naturaleza, así como hemos sido pioneros de otras tantas a lo largo de más de 180 años de vida institucional. 
Sin embargo, con profundo dolor, debo reconocer que el proyecto nos quedó grande y ninguno de quienes sucedieron a Char y a Sarabia pudo hacerle frente al reto. Granabastos no ha sido la solución que se esperaba como central de recibimiento de alimentos, porque no ha habido autoridad que le ponga orden al manejo de carga en los mercados barranquilleros, a pesar de estar regulado por el Concejo. Estamos en mora de retomar el proyecto y desde ya me comprometo a hacerlo ante el Gobierno Nacional, en mi condición de Senador de la República e integrante de la Comisión V del Senado, a la cual le corresponde el tema. Quiero invitar a las autoridades distritales, a los dirigentes gremiales, a los directivos del sector transporte y al comercio organizado a que pensemos en la construcción de la Megacentral Terrestre de Carga de Barranquilla.
Repliquemos el ejemplo de Bogotá que hace poco inauguró la suya en la zona occidental. Si lo logramos tendremos amplios beneficios por la reducción del tránsito pesado y de la contaminación en el área urbana. Bastante falta nos hace ese lugar específico del transporte de carga que llega a Barranquilla. Con esta megaconstrucción permitiríamos el estacionamiento y transferencia de mercancías adecuadamente a por lo menos 800 transportadores del país.

En Bogotá la obra se desarrolló en 24 meses, convirtiéndose en una infraestructura apta para recibir diariamente dos mil tractomulas y camiones que descargan mercancías que son redistribuidas en vehículos más pequeños que circulan con mayor facilidad en tierras capitalinas. La primera etapa de la terminal bogotana se hizo para 80 locales comerciales, 15 locales de comidas rápidas y 49 bodegas. En la segunda etapa quedaron listas 82 bodegas más y se completó el centro comercial. En el proyecto se invirtieron 180 mil millones de pesos, procedentes de capital privado, gracias a la vinculación que hicieron los compradores aportando sus cuotas iniciales. El capital lo administró una fiduciaria hasta cuando se logró el punto equilibrio. Como valores agregados se resalta que los conductores pueden llegar al Terminal durante las 24 horas del día, comer en buenos restaurantes, descansar en dignas habitaciones del hotel, rezar en la capilla de La Virgen del Carmen, hacer compras en los locales comerciales, realizar transacciones bancarias, arreglar sus vehículos y suministrarles combustible a sus camiones.
 
“Entre los beneficios adicionales, hay que destacar la disposición y capacidad que tiene el Terminal para rentar veinticinco bodegas, por metro cúbico, a empresas que necesiten un espacio de almacenamiento ocasional, con precios bastante asequibles tanto para los que no tienen bodegas, como para quienes las tienen, pero requieren otro lugar”, explican los promotores.

La Megacentral de Carga Terrestre de Barranquilla debe localizarse estratégicamente en la zona portuaria y pensando en el gran desarrollo industrial proyectado hacia la zona oriental del Departamento, entre el Municipio de Soledad y Suán, en una extensión de por lo menos cien kilómetros ribereños.
Es un proyecto para pensar en serio. La Gobernación del Atlántico, la Alcaldía Distrital, la Cámara de Comercio, Colfecar, Fenalco, las sociedades portuarias y otros interesados, deberían revivir la sociedad promotora y relanzar la terminal terrestre de carga.

 

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