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En su recorrido por Cesar y Magdalena, el tren del carbón causa todo tipo de inconvenientes: su enrejado trazado pasa peligrosamente cerca a comunidades y viviendas, en la zona bananera; su ruido endiablado, a cualquier hora, estremece vecindarios y causa molestias de todo tipo; más adelante, su paso por hoteles y casas playeras va ciertamente a contramano con el espíritu de lo que debería reinar en una zona turística, el silencio y la tranquilidad. Pero el nuevo accidente del tren de Prodeco, ocurrido la semana pasada, corresponde ciertamente al peor escenario: ese “diablo al que le llaman tren” —aquel otro que mencionaba Escalona en El Testamento es un angelito al lado de éste— sufrió un descarrilamiento que provocó el volcamiento de 22 de sus 97 vagones, derramándose en uno de los puntos más ensoñadores de la región Caribe poco más de 1.200 toneladas del mineral.
Del accidente, explicado brevísimamente en un comunicado de la concesionaria Fenoco, quedaron flotando muchas más preguntas que respuestas, al igual que ya ha sucedido en ocasiones anteriores, como los accidentes del tren de enero de 2011 y el catastrófico choque de abril del mismo año, cuando un total de seis personas perdieron la vida tras una colisión. El accidente de la semana pasada no causó fatalidades, pero pudo haberlas causado, sin mencionar los daños ambientales que un volcamiento de esa naturaleza produce. “Es evidente que Fenoco y Prodeco no le están haciendo un buen mantenimiento al tramo final del tren, pues saben que este trayecto va a quedar desmontado a principios del año entrante, cuando entre en vigencia la carga directa en costas de Ciénaga”, dijo el Senador José David Name Cardozo, quien exigió a la Procuraduría una pronta investigación, al tiempo que presentó a Fenoco y Prodeco sendos derechos de petición con interrogantes concretos sobre lo ocurrido. Precisamente por las dudas existentes sobre el manejo y control de los trenes de la región Caribe, intentamos comunicarnos con las empresas mencionadas, sin que fuera posible. También nos dirigimos a la Agencia Nacional de Infraestructura, entidad estatal que le entregó a Fenoco la concesión de la vía férrea en la Costa, y al Superintendente de Transporte José Miguel Durán. Pero ninguna de las dos entidades respondió preguntas de este periodista sobre el tipo de controles que se les están exigiendo a los operadores de la actividad ferroviaria en la región Caribe. Respecto al accidente del jueves, Fenoco dijo en su escueto comunicado: “Las causas del incidente son motivo de investigación”. Según el contrato de concesión, esta empresa colombiana, que opera la denominada Línea Férrea del Norte, es responsable de la adecuación y mantenimiento de la infraestructura, al tiempo que le ofrece a clientes como Prodeco servicios de reparación y mantenimiento de locomotoras y vagones, todo a lo largo de 226 kilómetros, entre Chiriguaná, Cesar, y las costas magdalenenses. Cargue directo. Como es ampliamente sabido, y tras un emotivo Consejo Comunal de Gobierno sobre temas carboníferos, el presidente Álvaro Uribe Vélez dispuso en 2007 que a partir de julio de 2010 todos los puertos marítimos del país deberán haber implementado un sistema de cargue directo, valiéndose para ello de bandas transportadoras encapsuladas u otro sistema tecnológico equivalente”. Según este decreto, el 3083 de 2007, el lugar de embarque será el más próximo a la línea de playa que evite el fondeo para cargue. Se trata, ciertamente, de un procedimiento mucho más confiable, y menos nocivo para el medio ambiente, que el que sigue hoy, en su puerto ubicado al sur del aeropuerto de Santa Marta, la empresa Prodeco, que carga con barcazas a naves fondeadas a cierta distancia de la Costa. El Plan Nacional de Desarrollo del actual gobierno, que es ley desde junio pasado, reafirma, en su artículo 113, que “a partir del 1o de enero de 2012, los puertos marítimos y fluviales que realicen cargue de carbón deberán hacerlo a través de un sistema de cargue directo”. Esencial para que dicho proceso se cumpla, y entre en vigencia la ya polvorienta ley de 2007, es que culmine la construcción del denominado Puerto Nuevo, ubicado en la Costa de Ciénaga y el cual ha sufrido considerables retrasos, al punto de que hoy se pone en duda que el actual plazo, de que debe estar funcionando el primero de enero entrante, se vaya a cumplir. El puerto está siendo sometido a un exhaustivo dragado y además debe implementarse la infraestructura costera de cargue directo. Solo cuando eso esté listo, Prodeco podrá mudarse de las inmediaciones del aeropuerto Simón Bolívar, donde no solamente causa gravísimos problemas a las aeronaves que allí aterrizan y despegan, sino que motiva el paso del tren por la zona turística. De allí que el cálculo del senador Name Cardozo, de esperar a que el tren deje de convivir incómodamente con el turismo a comienzos de 2013, puede resultar un tanto optimista. Name Cardozo es consciente de ello, pero aun así insiste en que a la zona se le está invirtiendo muy poco en mantenimiento y de allí accidentes como el del jueves pasado. Lo menos que podría esperarse es que las entidades estatales responsables le pongan la lupa a toda la operación integral, incluyendo el paso por los pueblos de la zona bananera, ejerciendo un control que si bien no impediría molestias, ruidos y la peligrosa convivencia, al menos evite los cada vez más frecuentes accidentes. ¿Qué tiene que suceder para que así sea? Por Ernesto McCausland Sojo Publicado en El Heraldo el 18 de junio de 2012
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