LAS DEUDAS PENDIENTES CON EL CARIBE

miércoles, 15 de julio de 2026 a las 07:00 AM Columnas

El Caribe cierra este cuatrienio bajo una sombra de incertidumbre, víctima de la desidia de un Gobierno que prefirió mirar hacia otro lado. La falta de voluntad política para empujar los proyectos estratégicos de la región, sumada a la inacción frente a la asfixiante crisis de las tarifas y las comercializadoras de energía, retrata de cuerpo entero a una administración que nunca sintonizó con las urgencias de nuestro territorio.

Este panorama no solo frena el crecimiento económico y social, sino que fractura la confianza en la capacidad institucional para sacar adelante las grandes obras de la región. El ejemplo más alarmante es la restauración del Canal del Dique, un megaproyecto ambiental y de infraestructura vital para el país, hoy estancado en su fase de preconstrucción por las trabas del Ministerio de Ambiente y la peligrosa incertidumbre que genera el aplazamiento de las vigencias futuras por parte del Gobierno Nacional.

Más de diez años de retrasos y vacilaciones han convertido a la doble calzada Ciénaga–Barranquilla en el monumento a la infraestructura postergada del Caribe. Los trabajos preliminares que hoy arrancan son apenas un tímido avance; la verdadera prueba de fuego la tendrá el próximo gobierno, responsable de garantizar que la obra no se vuelva a refundar. Sin un respaldo financiero contundente y sin voluntad política desde Bogotá para destrabar los cronogramas, este corredor estratégico seguirá siendo una quimera para el desarrollo regional.

La suerte del Tren Regional del Caribe es el mejor ejemplo del centralismo que nos frena. Hoy el proyecto se encuentra en veremos por la falta de respaldo institucional: el Gobierno no se dignó a incluirla en el Plan Nacional de Desarrollo y, para rematar, la borró del mapa en el nuevo Conpes de la red férrea nacional. Esta doble exclusión no es un descuido técnico; es el retrato de la nula voluntad política del Ejecutivo para conectar y dinamizar el Caribe mediante un sistema férreo moderno.

Trae un respiro el anuncio de la designada ministra de Transporte, Elsa Noguera, de priorizar la modernización del aeropuerto Ernesto Cortissoz y la intervención del tajamar occidental apenas asuma el cargo. El Cortissoz dejó de ser una terminal aérea digna para convertirse en la gran vergüenza de la región; recuperarlo es una necesidad inaplazable. Asimismo, asegurar el tajamar occidental es defender la vida misma de nuestro puerto y su competitividad. No obstante, la retórica ya no convence a nadie en el Caribe. El verdadero examen para la nueva ministra será convertir estos compromisos en proyectos con recursos asegurados, cronogramas definidos y resultados verificables.

En el Caribe recibimos con optimismo la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño, confiando en que su bandera de enfoque regional se convierta pronto en hechos y no se quede en discurso. La región no aguanta más dilaciones; esperamos que los proyectos estratégicos del Caribe sean incorporados como una prioridad dentro de la agenda nacional desde el día uno. Para ello, el nuevo Gobierno tendrá que demostrar un verdadera voluntad política acompañada de una asignación presupuestal completa y oportuna que permita avanzar en las obras y programas que el Caribe requiere para fortalecer su competitividad y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

El nuevo mandatario tiene en sus manos la oportunidad de reivindicar a la Costa Caribe. Responder a la región exige grandeza y, sobre todo, la determinación de un estadista para destrabar, de una vez por todas, las iniciativas que durante décadas han esperado una respuesta definitiva del Gobierno central.