Incumplimiento tras incumplimiento siguen sumando las obras del aeropuerto Ernesto Cortissoz de Barranquilla, una terminal aérea que hoy está muy lejos de dar la talla a una ciudad que crece con gran proyección y dinamismo económico. Lo que debía ser una modernización a la altura de las necesidades de La Arenosa se ha convertido en una cadena de retrasos, intervenciones inconclusas, promesas repetidas y vergüenza nacional.
Más de una década llevamos los barranquilleros soñando con la modernización del Cortissoz después de que nos prometieran un aeropuerto moderno, eficiente, con altos estándares de servicio, confort y seguridad operacional. Pero nada más alejado de la realidad. Desde el año 2020 nos empezaron a “bailar el indio”, diciendo que las obras se encontraban en su etapa final, y hoy, seis años después, tenemos un aeropuerto a media marcha, reparchado a pedazos, todo un símbolo de improvisación y negligencia.
Después de que en 2024 se liquidara el contrato de concesión con el cuestionado Grupo Aeroportuario del Caribe S.A.S. y que la operación del aeropuerto quedara a cargo de la Aeronáutica Civil, sentimos un fresquito que alivió momentáneamente la frustración acumulada. Sin embargo, con el paso de los meses, la expectativa se fue diluyendo ante la falta de avances visibles y soluciones de fondo. El nuevo plazo de seis meses, extendido el pasado mes de diciembre, encendió las alarmas y preocupaciones por esta nueva temporada de retrasos, con el actual contratista que registra ocho procesos por incumplimientos.
Actualmente, las obras acumulan demoras en los contratos de mejoramiento de la infraestructura física, los sistemas de ayudas visuales, la iluminación perimetral y otras intervenciones complementarias, que están generando incomodidad y congestión en la terminal aérea. La falta de condiciones óptimas para la prestación del servicio es evidente y preocupante: incluso persisten deficiencias básicas como la ausencia de accesos adecuados para personas con movilidad reducida, lo que refleja no solo retrasos en la ejecución, sino una grave desatención a estándares mínimos de accesibilidad y calidad.
La Veeduría Ciudadana “VC – Aeropuerto Ernesto Cortissoz” ha señalado que los retrasos alcanzan el 90%, una cifra alarmante que confirma la magnitud del incumplimiento. Poco se conoce, además, sobre el plan de choque que debía presentar el contratista para corregir el rumbo y garantizar avances reales con fechas exactas de ejecución, lo que aumenta la desconfianza ciudadana y la sensación de que se sigue improvisando frente a una obra estratégica para la región. La falta de información clara y compromisos verificables no sólo da cuenta del desorden en la gestión, sino también de una ausencia de control y responsabilidad.
Solicitamos a la Contraloría General de la República y a los demás entes de control poner la lupa sobre las obras del aeropuerto Cortissoz y ejercer una vigilancia estricta y permanente frente a su ejecución. Cada nuevo retraso no solo incrementa los sobrecostos y profundiza las pérdidas, sino que golpea la imagen de la ciudad, afecta su competitividad y envía un mensaje equivocado sobre la capacidad institucional para cumplir con obras estratégicas para el desarrollo regional. Es momento de que se establezcan responsabilidades claras, se verifiquen los compromisos adquiridos y se garantice la correcta culminación de las obras.
Aunque la horrible noche aún no cesa, Barranquilla no pierde la esperanza de contar con un aeropuerto a la altura de su crecimiento.