EL MIEDO GOBIERNA LAS CALLES

miércoles, 08 de julio de 2026 a las 07:00 AM Columnas

La inseguridad en Barranquilla y su área metropolitana ya no es tema de percepción ciudadana, se trata de una compleja crisis que se ha salido de las manos de las autoridades locales. Las organizaciones criminales han dejado de ser una amenaza aislada para convertirse en las dueñas de las calles, consolidando un poder que asfixia el día a día de los ciudadanos. En una ciudad que pide a gritos el restablecimiento de la seguridad y el orden, resulta indispensable una intervención institucional conjunta, contundente y sin titubeos, de lo contrario, recuperar el control será una tarea imposible.

El departamento del Atlántico cerró el primer semestre de 2026 con un saldo aterrador de 670 homicidios. El dato, crudo y directo de Medicina Legal, confirma que la violencia en el departamento ya no se puede matizar. La dimensión de la tragedia queda al descubierto con una simple comparación geográfica: el Atlántico es el tercer departamento con más homicidios en Colombia, superado solo por el Valle del Cauca (1.118 casos) y Antioquia (899), que lo duplican y quintuplican en número de municipios.

Lo que pasó el fin de semana con el comercio de barrios del centro, suroriente y suroccidente de Barranquilla y en el municipio de Soledad fue un toque de queda impuesto por el hampa. Ver los negocios cerrados, no por descanso sino por el terror a las vacunas y las represalias, es la prueba reina de que la delincuencia gobierna la economía local. Cuando las bandas extorsivas tienen el poder de paralizar el comercio, los colegios y la vida misma de una ciudad, el Estado ha fracasado en su tarea más básica: garantizar la libertad de sus ciudadanos.

Aquí no se trata de una crisis temporal, sino del fortalecimiento evidente de mafias que operan con total impunidad. Bandas como ‘Los Costeños’, ‘Los Pepes’ y esa mutación llamada ‘Nueva Generación’ llevan años robusteciendo sus finanzas a punta de extorsión, convirtiendo el miedo en su negocio más rentable. Mientras estas mafias se despedazan por el control territorial y asfixian a los ciudadanos, las autoridades locales no logran contener su expansión ni golpear de manera decisiva sus estructuras financieras y operativas.

El deterioro de la seguridad también tiene como responsable los errores del Gobierno nacional con su política de "Paz Total", así como su nula respuesta ante la persistente crisis en las regiones. Ha faltado pantalones y una estrategia integral respaldada por la Nación para desmantelar estas redes. Más que un reclamo de los gobiernos locales o de la ciudadanía, se trata del cumplimiento de una responsabilidad constitucional y legal.

Barranquilla y sus municipios no necesitan una lista de buenas intenciones, sino una estrategia de choque que ataque el problema por dos frentes. Por un lado, se requiere la mano dura del Estado: jueces que no tiemblen, fiscales eficaces, inteligencia militar metida en las ollas y una ciudadanía que rompa el silencio. Por el otro, es urgente apagar el motor del reclutamiento juvenil con inversión social y blindar a las mujeres de la violencia de género. Salvar al Atlántico exige medidas drásticas de fondo.

Los anuncios del presidente electo De la Espriella sobre priorizar la seguridad territorial serán puestos a prueba desde el primer día de su mandato. La tragedia del Atlántico no aguanta más retórica ni comités de aplausos; exige que la Casa de Nariño, la Alcaldía y la Policía actúen como un solo bloque con metas y resultados medibles. Barranquilla ya no tiene margen de espera. Al nuevo mandatario hay que exigirle que responda con la misma fuerza y severidad con la que las mafias nos están arrastrando al abismo.